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Naturopatía y fitoterapia: el poder sanador de la naturaleza

Lun 09, nov. 2009 - Ana Echeverría - Archivado en: ,

plantas medicinalesLa naturopatía se define a sí misma como una disciplina sociosanitaria, cuyo objetivo es potenciar la capacidad natural del cuerpo humano para mantener la salud. Es una disciplina holística, es decir, que concibe el ser humano como un conjunto en el que todo está interrelacionado y no como una suma de órganos.

Según los naturópatas, el organismo tiende por naturaleza a la salud y él mismo es, por tanto, la mejor herramienta curativa que existe. La enfermedad se produce, pues, por una alteración del equilibrio natural, que el profesional naturópata debe ayudar a restablecer mediante recursos inocuos y naturales.

A menudo el naturópata se centra en eliminar toxinas, mejorar el equilibrio nutricional y la forma física de lso pacientes, fortalecer sus defensas… Cuando recurre a remedios externos, debe utilizar siempre sustancias, procedentes de la naturaleza, procesadas de la manera más natural posible y cuyos principios activos, exentos de contraindicaciones, no conlleven riesgo alguno para el paciente.

La naturopatía está emparentada con técnicas como la quiropraxis, el masaje chino y, por supuesto, la fitoterapia. Aunque esta profesión carece aún de un título de FP o de grado, existe una gran variedad de centros que ofrecen títulos propios. También está reconocida por el Ministerio de Hacienda (la mayoría de naturópatas ejercen su profesión como autónomos en el apartado 841 del IAE). Desde 1984 existe una Federación Española de Profesionales en Naturopatía, la FENACO, con vocación colegial, que organiza congresos y seminarios.

Plantas medicinales

La fitoterapia es tan antigua como el mundo, pero fue el médico francés Henri Leclerc (1874 – 1955) quien acuñó el término a principios del siglo pasado. Consiste, simplemente, en utilizar plantas medicinales con fines preventivos, paliativos y curativos, algo que todos ponemos en práctica cuando calmamos nuestros nervios con una tila o nos preparamos una manzanilla para mejorar nuestra digestión.

Los chinos ya dejaron escrito un compendio de plantas con propiedades beneficiosas hacia el 2.700 a. C.:  se trata del Herbolario de Shên Nung, el texto más antiguo de botánica medicinal. En Egipto y Mesopotamia se utilizaba el opio, el cáñamo, la belladona… con fines muy similares a los de hoy en día. Los indios de norteamérica suavizaban su piel con aloe; los aztecas recurrían al cacao como complemento energético y al tabaco para saciar el hambre.

Los extractos de plantas han tenido desde siempre un papel crucial en la elaboración de medicamentos de laboratorio, que obtienen de ellas gran parte de sus principios activos. Sin embargo la fitoterapia actual se aleja de la industria farmacológica en la manera de elaborar estos preparados. En lugar de transformar las plantas en medicamentos mediante procesos químicos, los remedios fitoterapéuticos siguen procesos simples y tradicionales de elaboración: prensado, destilación, infusiones, etc… Y, por supuesto, estos preparados deben emplear únicamente plantas de efectos suaves, totalmente inocuas para la salud, renunciando a aquellas cuyos principios activos, usados en dosis inadecuadas, pudieran ser tóxicos. Es por ello que la fitoterapia puede practicarse -y obtenerse- sin necesidad de receta médica.

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