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La crisis y sus consecuencias psicológicas

La crisis económica que lleva azotando a buena parte del mundo desde hace cuatro años está teniendo todo tipo de consecuencias. Los ajustes a los que las personas se han tenido que someter ya no son únicamente económicos y financieros sino que también han pasado a ser laborales y psicológicos.

Hace unos meses la Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió de los efectos psicológicos de la crisis materializados en el aumento de las enfermedades psicológicas. Estudios posteriores dan la razón a las previsiones de la organización ya que el número de consultas para recibir ayuda sanitaria por enfermedades psicológicas que se derivan la crisis económica ha aumentado. La tasa de paro es uno de los causantes más directos.

Según el Colegio de Psicólogos de Madrid las más afectadas suelen ser las mujeres. Esto se debe porque muchas de ellas carecían de estabilidad económica previa y solían tener empleos estacionales que han visto que sus posibilidades de trabajar han disminuido considerablemente. Además, las personas de entre 30 y 50 años también son de las más afectadas ya que están en un momento de la vida en el que deberían gozar de estabilidad económica y se encuentran con que la situación actual no se lo permite.

¿Qué síntomas debo tener en cuenta?

Es muy importante advertir la sintomatología de estos trastornos psicológicos, sobre todo para advertir a las personas que nos rodean. Los indicios son dificultad para conciliar el sueño y un insomnio creciente. Además son personas a las que les cuesta mucho más concentrarse en un aspecto concreto. En la relación con los demás suelen mostrar un mayor grado de irritabilidad.

Los efectos se agravan cuando provienen de un factor traumático como es el desahucio de la casa, las dificultades para pagar los recibos, ser despedido o el abandono del cónyuge por culpa de los apuros económicos. Incluso hay expertos en psicología que indican que los trastornos postraumáticos suelen manifestarse en forma de pesadillas, reacciones emocionales o físicas y conductas de aislamiento. No querer pasar por la empresa donde trabajaba, quedarse encerrado en casa y evitar el contacto con otras personas, son algunos ejemplos.

Luz al final del túnel

Pero no todo está perdido en esta batalla. Estamos instalados en el negativismo pero la crisis, como otras etapas económicas, es un ciclo que terminará tarde o temprano. Las circunstancias cambian de un día para otro y hemos de estar preparados para ello y la mejor manera de hacerlo es aprovechar el tiempo.

Una buena alternativa es mejorar como profesional, realizar cursos de formación especializados y actualizar conocimientos con cursos de especialización. Tenemos que dejar de pensar que se trata de una cuestión global en la que no podemos hacer nada y empezar a mejorar individualmente.

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